Día 1

publicado en: Los misterios de un jabalí | 0

Levantar pesado

Ahh… Cuántos escritos tengo esparcidos por aquí y por allá. Me gustaría tanto reunirlos todos, con cierto orden… Pero la mayoría ni siquiera tienen fecha.

Hoy, a las 7:42 de la mañana, cojo el bolígrafo para hablar conmigo mismo de una apetencia. No se trata de un fetiche transitorio. Se trata de una sólida apetencia.

Y es que me apetece volver a apuntarme a un gimnasio. Uno que sea digno de su nombre. Uno que sea todo lo contrario al que hay en el pueblo de al lado.

Un gimnasio grande y con muchos pesos libres, en el que te faciliten una barra y diez mil discos.

¡Y ojo! No es una simple barra. Se trata de una barra de veinte kilos que conectará con tu alma.

Lo que para muchos es una absoluta pereza, para mí es un absoluto éxtasis. El día de pierna, el día del mamuth, es un día en el que tienes que luchar por sobrevivir.

Levantar pesado…

Sobre todo cuando se trata del tren inferior, levantar pesado me eleva hacia la gloria.

No valen las medias tintas. No puedes regocijarte mirando hermosas gatas (al menos durante la serie). Usas tu cuerpo para mirar de frente a cualquier circustancia, para honrar a tu especie.

Levanta cuanto puedas. Y progresa. Tus células trabajarán en equipo, y harás equipo con la vida.

Per la próxima vez que me apunte a un gimnasio quiero introducir tres claves nuevas:

  1. Un día de sprints brutales a la semana.
  2. Un camarada mitológico
  3. No volver a desapuntarme.

Levantar pesado me hace más feliz. Mejor aún, levantar pesado hace que no me importe si soy feliz o no. Solo quiero matar. Y créeme, voy a partirte el puto cráneo.

Apéndice

Para complementar este aliento veo importante describir las características que tiene un camarada mitológico.

Pero antes, un flashback:

“Tanto tiempo entrenando solo… Ahora lo veo mucho más claro. Ahora que saboreado una soledad abrumadora lo he comprendido. Pero no me juzgo. En su momento yo era feliz así, y los entrenamientos eran mi momento a solas con el mundo. Y sigo necesitando estos momentos. Pero ahora quiero que a menudo venga conmigo al gimnasio un camarada mitológico”

Puestos en contexto, procedo. Un camarada mitológico aúna de forma sinérgica varios aspectos:

  1. Tiene el potencial de ser más fuerte que yo.
  2. Comprende a la perfección lo que significa el camino del samurai. Lo que implica tener el espíritu de un Megachárizard. Incluso te lo recordará si ve que la mariconería empieza a jugar en tu contra.
  3. Su mitología abarca lo físico, el compromiso, la cabeza, y el espíritu.

El fuego se convierte en hielo cuándo está él, y el miedo es un chiste.

Seguramente allí fuera pulula bastante gente con estas características. Pero todavía falta un ingrediente más. El lazo mitológico.

Un vínculo que no se fundamenta en la lógica ni en los favores. Un enlace que supera al matrimonio. Un bolsa de canguro para el bebé canguro.

Y yo tengo un compañero mitológico.

Solo uno.

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