Que suerte la mía

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Hola Camp

Me eructabas muy fuerte al oído y me desafiabas duro con las cejas…

Hablabas como una brillante conferenciante o balbuceabas en hebreo.

Y tumbados y paseando iniciamos un pululeo conjunto, cual comadrejas.

También te «arreglas las pieles de las uñas» y duermes como marmota.

Hola y adiós, Minchi

Resumiendo un poco demasiado… Nos arrejuntamos en el norte de España y pasó el tiempo.

Un tiempo que, si bien recuerdo, también me cuesta recordar. Un tiempo pasado que, tanto como lo atesoro y ¿echo de menos?, lo miro con cierta tristeza.

Por aquel entonces, ni tú eras la tú de ahora, ni mucho menos, permíteme algo de afán de protagonismo, lo era yo.

Sin olvidar que seguramente teníamos cosas fantásticas que conviene no perder.

De hecho, pienso que el yo de hoy en día es una mezcla de cosas nuevas, cosas que apenas han cambiado y cosas rescatadas de mi yo primigenio. Cosas que, por circunstancias de la vida (mi histeria por hacerme un camino y por tener pesetas en mi cuenta bancaria), fui dejando atrás.

Mi yo primigenio tenía cosas brutales: Puro instinto. Sin preguntas y sin normas. Saber disfrutar sin limitaciones. Y cosas regulares: Inseguridades y oscilaciones emocionales (que aún sigo teniendo), entre otras.

Ha sido un año necesario. No habría podido acceder a lo que tengo conmigo si no hubiéramos separados nuestros caminos (que tampoco es que los separaramos completamente).

Yo no sabía nada sobre qué sería de mi el día de hoy (nadie lo sabe, pero supongo que algunos tienen más estabilidad y más o menos se esperan lo mismo. Por casualidad o causalidad, estoy escribiendo esto prácticamente justo un año después), y diría que en ese momento yo era el único que necesitaba iniciar muchos reajustes. Estaba fuera de mí, también estaba fuera de ti. Y te tenía fuera de mí.

Algunos reajustes más o menos los estaba viendo por el retrovisor, y otros fueron llegando a mí, empujados por el soplo de eso que llamamos vida. Aunque la realidad es que creo (estoy seguro) que este tiempo a ti también te ha aportado mucho aprendizaje, reajustes positivos y, sobre todo, gentecita y experiencias vitales to wapas.

Hola de nuevo, Balón

Hoy tengo la sensación de que, perdurando algo muy grosso entre nosotros, un cariño y amor extraordinarios, nos volveremos a conocer. Otra Belén y otro Samuel se quieren dar abrazos. Esta vez con menos inseguridades (presuntamente), más madurez, y con las mismas o más ganas (por mi parte bastantes más) de cuidarse el uno al otro.

Pero… ¡Quieto ahí, fiera, mastodonte, jabalí demoníaco! Vayamos partido a partido. Final a final. No escribamos nada en el futuro.

Aquí sentado como me hallo, en plan simplón y tras haber escrito algo que podríamos denominar: «Rememorando aquellos tiempos, sobrevolando los cielos y coqueteando con el abismo»… lo que estoy pensando es que apenas me importa el pasado (aunque nos queremos gracias a lo que pasó en él). Me importa que nos encontremos. Me importa…

Que pululemos … juntos, en solitario o con otros.

Que hagamos el caos, ni juntos, ni solos ni acompañados. Es el caos.

Que creemos algo impresionante para nosotros mismos, para nuestra satisfacción y nuestro futuro. Luego ya veremos si para los demás.

Que el uno sea verdaderamente uno, para poder estar frente al otro sin complejos.

Que nos olisqueémos, entre nosotros y al prójimo. Siempre y cuando huela bien.

Que nos aplastemos en plan cerdotes. Desde la armonía.

Que descansemos.

Que no haya lugar para el arrepentimiento. Aprendiendo del pasado.

Me importa que nos amemos juntos.

En el jodido mismo puto lugar de la Tierra.

Por la cara

Moviendo los dedos de los pies, todas las hadas bailan.

Enseñando los dientes, felices quedan los duendes.

Tus excentricidades agrupan a enemigos en un clan.

Tu dulzura embriaga incluso a los jabalíes de los Andes.

Y fortuna es la mía, de poder asistir a toda esta fantasía.

Tamaña es mi fortuna, de poder recibir tu amor y alegría.

Es menester

Y, aunque no procede del todo, pues tengo la sensación de que tú no quieres de esto, te lo tengo que decir: Muchas gracias Bélen.

En este año mis prioridades en la vida, con unas cuantas crisis de por medio, han ido «serenándose». Y no juzgo a las que tenía antes (aunque sí el cómo las gestionaba), pues lo que necesitaba en ese momento, a grosso modo, era entenderme y formar mi camino… Y es difícil portarse bien en todas las parcelas de la vida cuando algunas de ellas están frágiles.

Muchas gracias por volver a quererme de la forma en que lo haces tú.

Y, aunque intuyo que lo sabrás sin que te lo aclare, se trata de unas gracias profundas. Si bien es cierto que soy un tipo espectacular, y en parte por eso puedo disfrutar de tu amor, he tenido mucha suerte en la vida. Soy muy consciente de ello. Y tengo la intención de tenerlo muchísimo más presente en mi día a día.

Que inabarcable e incalculable «suerte» la mía.

-Mírame, uno que demonizaba el plegarse a la buena o mala suerte-

Que suerte que, ahora que me siento un poco más en el centro de mí, aún tengo de tu amor.

Aunque en estos momentos me siento más tranquilo y funciono mejor sin decirlo en voz alta, pues aún considero que estamos en el viaje hacia nuestro encuentro (dice el que se acaba de meter su chapa particular, autoproclamándose miembro principal de los seres que reciben tu amor)… Y como también creo que hemos trascendido un poco del «te amo», lo voy a decir de una forma que me suena bien:

Te quiero cerca todos o casi todos los días. Cocinarnos algo, ver una serie, ir al río… Y siento felicidad y mucho bienestar si pienso en eso.